Al final cumplí el objetivo: terminar la media maratón de Berlín. Completé los 21,0975 kilómetros del recorrido oficial. Junto a otros 34.000 corredores atravesé las calles más emblemáticas de Berlín en una soleada mañana de domingo de inicios de la primavera. Desde Alexander Platz, pasando por Unter den Linden, la Puerta de Brandenburgo, tomando la Avenida del 17 de Junio (con el Gran Tiergarten a su lado), la Columna de la Victoria (Siegessäule), siguiendo hasta el Palacio de Charlottenburg, pasando por Ku’dam, la Iglesia del Recuerdo (Gedächtniskirche), Potsdamer Platz, para de nuevo terminar en Alex’.
El ambiente fue increíble: muchísima gente apoyando a los corredores en todo el recorrido, bandas de músicos cada ciertos kilómetros, y cientos de voluntarios haciendo que todo funcionara a la perfección. Y las calles de la ciudad que se veían más abiertas por un día vacías de carros y llenas de miles de corredores, cada uno en silencio corriendo su propia carrera, pero todos juntos haciendo un gran evento colectivo.
En primer lugar llegó Gilbert Massai de Kenia quien fue capaz de hacer la media maratón en increíbles 59 minutos y 57 segundos. Quien esto escribe llegó casi una hora después con un tiempo bastante aceptable de 1 hora y 50 minutos.
Como dice Haruki Murakami el objetivo y logro principal es terminar la carrera.
Pero, aun suponiendo que no logren correr en el tiempo que se han fijado, si al acabar sienten la satisfacción de haber hecho todo lo posible, si experimentan una reacción positiva que les vincule con la siguiente carrera, la sensación de haber descubierto algo grande, tal vez ello suponga ya, en sí mismo, un logro. En otras palabras, el orgullo (o algo parecido) de haber conseguido terminar la carrera es el criterio verdaderamente relevante para los corredores de fondo.
Haruki Murakami. De qué hablo cuando hablo de correr
Porque correr una carrera de fondo es en sí misma una experiencia transformadora. Te obliga a una detallada preparación: levantarse por las mañanas a correr, comer bien, dormir bien. Para poder correr bien hay que tener una gran concentración en el estado del cuerpo y de la mente. Qué te están diciendo los músculos, los huesos y las neuronas a cada instante. Y en una gran medida hay que tener la capacidad de ir más allá de ellos, ir más allá de uno mismo y de sus supuestos límites, y permitir que una especie de ritmo interior tome el control y te lleve hasta la meta; como una corriente en el mar, una corriente de energía física y de fuerza emocional que dan todos los corredores que están a tu lado.
Y con el pasar de los kilómetros los pensamientos van pasando también, y la mente, en una especie de meditación en movimiento, va entrando en un estado de gran aceptación: aceptarse a uno mismo y su propio ritmo, capacidad y limitaciones; aceptar a todos los corredores, esos otros que, independiente de tantas diferencias, están ahí junto a uno dejándose el sudor sobre el asfalto para completar los poco más de 21 kilómetros de la media maratón. Podría parecer poco, pero para quien logra terminarla es un gran logro.