“Mauro Álvarez A. (1940-2019) novelista, relator, traductor literario del inglés. Prefirió el género de la ficción por ser el más honesto”

Querido Mauro,

Hace unas semanas recibí la noticia de tu muerte. La última vez que nos vimos fue en Agosto de 2015 en tu oficina, en el Café El Astor, del centro de Medellín. Hablamos toda la tarde de literatura, de música, de la vida.

Antes de ese encuentro creo que no nos habíamos visto por más de 30 años, o quizá fugazmente en el velorio de mi padre. Aún así, nos tratamos como seres muy cercanos, y fue una gran alegría descubrir tantos intereses comunes. Hablamos de música clásica del siglo XX, de Berg, de Schoenberg, de Webern, de Boulez. Yo había pasado varios años dedicado a escuchar a esos compositores ya no tan nuevos pero todavía tan poco presentes en el repertorio, y no había encontrado muchas personas con quien compartir esa afición. Y ahí estabas vos hablando de ellos, de tu pasión por esa música a veces áspera y llena de laberintos y movimientos inesperados.

Hablamos de literatura, y encontramos otra pasión común en la literatura japonesa; no tenías tanto afecto como yo por la obra de Kenzaburo Oé pero la conocías bien. Me sugeriste que me fijara en Yasunari Kawabata, empezando por la novela corta La casa de las bellas durmientes, y también que me sumergiera en el Genji Monogatari de Murasaki Shikibu.

Hablamos de literatura colombiana, aunque prácticamente ninguno de los escritores de estas tierras era parte de tus afectos. Quizá por ello estuviste siempre tan solo, porque no encajabas con ninguno de ellos, ni con sus grupos ni sus movimientos.

Me hablaste muy mal del Nadaísmo y especialmente de Gonzalo Arango. Te parecía un plagiador que no merecía mayor respeto o consideración. Me entregaste una copia de un  ensayo de Alberto Aguirre, incluido en el libro Cartas a Aguirre, donde pone en tela de juicio la originalidad del libro de Arango titulado Memorias de un presidiario nadaísta, que contiene una serie de relatos sobre la estancia del escritor en la cárcel La Ladera. Aguirre afirma que:

Por esa época apareció un testimonio auténtico sobre la vida en esa cárcel, un pequeño libro con el título de La Ladera, de un joven poeta maldito y renegado, Mauro Álvarez, que sí sufrió los rigores de esa prisión y de ese patio. Es la fuente de Gonzalo. Pero no lo menciona. Se había dedicado a la fabulación irresponsable y al calco impune [1].

Me regalaste un libro tuyo titulado Virginal. En él,  un personaje que bien podría ser tu alter ego narra su especial relación entre la música y la literatura. Sentado en un café, se sumerge en ensoñaciones musicales que le sugieren episodios y temas literarios.

Esa mesa, desde donde veo la avenida que cruza el establecimiento, me doy a tararear un concierto. No me equivocaría al creer que esa pieza musical lleva implícito en sus notas, infinidad de temas literarios por descifrar. A lo mejor, cada melómano, percibe el suyo según su sensibilidad. En fin, la música y la literatura, en este abstencionismo, se convierten en una ventura de la que somos sus cómplices. Riesgo que no podemos dejar de correr, si queremos calar en el abismo de lo incorpóreo [2].

El personaje está escribiendo en su máquina de escribir que es, al mismo tiempo, la interpretación de una obra musical tocada en un virginal. Este pasaje me trajo una imagen tuya que tengo bien guardada en mi memoria. En la casa de los abuelos, en el barrio Calasanz en Medellín, pasabas la mayor parte del tiempo encerrado en tu habitación escribiendo; de ella sólo salía el sonido de tu máquina de escribir. Escribías mucho y salías muy poco.

A veces, en las tardes, te veía salir de casa con una carpeta llena de papeles; entonces yo aprovechaba para hurgar en tu habitación como en busca de un secreto que pudiera estar oculto en un cajón, pero tu secreto era tu escritura, la música de tu máquina de escribir, tu dedicación a la literatura por décadas enteras, toda tu vida.

Con tu partida ya sólo nos quedan tus libros: poemas, cuentos, novelas, ensayos; una obra poco conocida y difícil de conseguir. Este es el listado que he podido recopilar con la ayuda de libros, referencias y catálogos de bibliotecas de diferentes partes del mundo.

  • Yin Ying?
  • La ladera: Documental de prisión. 1965.
  • El sueño de los párpados; relato. Editorial Carpel-Antorcha, 1966
  • Los dioses sin razón. (Poemario). Editorial Antorcha. 1969.
  • Robé el pan a las palomas. Litorama Impresores. 1974
  • Cuentos eróticos. Medellín. Lealon, 1977
  • Alias Posadita. Medellín. Editorial Etcetera, 1979
  • Confesiones de un vampiro?
  • El indocumentado ?
  • Cazador de mariposas. Editorial Fonema, 1989.
  • Percepción hipnótica ?
  • Virginal. Medellín. Editorial Uryco

Después de nuestro encuentro en Medellín me escribiste un corto correo electrónico, me invitabas a que estableciéramos una comunicación. Te respondí con otro mensaje corto en donde decía que “Desde hace un tiempo quería escribirte una carta, pero no sabía bien cómo hacértela llegar”.

He aquí mi carta, querido Mauro. Te la dejo, con ese poema que sí alcancé a entregarte, en el correo del viento.

Mauricio Álvarez Mesa

Berlín, julio de 2019

 

De un poeta a otro poeta

 

A Mauro Álvarez A.

 

I

He visto tu foto en una

recopilación de escritores antioqueños

He visto tu nombre y el de tus

obras

Yo que te recuerdo desde siempre

escribiendo en tu habitación

de la casa de Calasanz en Medellín

Encerrado escribiendo

sólo salía de tu cuarto el ruido de

las teclas, incesante, sobre la máquina

de escribir

A veces bajabas a la cocina

y te comías un huevo crudo

en una vaso de agua

Por las tardes salías a no-se-dónde

Y tu cuarto siempre permanecía cerrado

misterioso oculto

nunca supe qué escribías

no conozco tus obras

pero te intuyo

No te hubiera reconocido

en esa foto que publicaron de tí

Tienes la mirada del que ha vivido

Mauro Álvarez Atehortúa

eres un sobreviviente

hermano de mi padre

hijo de mi abuelo

Ahora quiero saber qué había en

esas hojas que escribías con tanta

dedicación

Ahora quiero saber de tí

Te apareciste así sin más

pero siempre has estado ahí

Puede que no lo sepas

pero tienes un sobrino poeta

lo llevamos en la sangre.

 

II

Han puesto junto a tu fotografía

un fragmento de tu voz

hablas de quebrar la espina dorsal

del pez-cuento para construir la

ballena-novela

Hablas de literatura acuática

Hablas y te reconozco íntegro

tu voz me es familiar

viene desde lo más hondo de mis

recuerdos

en tu mirada te pareces a Alberto

en la boca a mi papá

Te conozco desde dentro

sin saber nada de tí

Quiero que me invites a conversar

Eres parte de lo que soy

parte del árbol de mi vida

Voy en tu búsqueda.

 


[1] Alberto Aguirre. Cartas a Aguirre (1953-1965). Medellín. Fondo Editorial Universidad Eafit. 2006. Págs. 50-51.

[2] Mauro Álvarez Atehortúa. Virginal. Medellín. Editorial Uryco. Sin fecha. Pág. 25.